sábado, 3 de septiembre de 2016

Incluso en parejas del mismo sexo, una parte mayoritaria de la sociedad espera que se reproduzcan los roles de género tradicionales


El estudio, cuya autora principal es Natasha Quadlin, estudiante de doctorado de la Universidad de Indiana, ha evaluado las respuestas de una muestra de más de 1.000 personas, representativa de la población estadounidense, a un cuestionario en el que se le presentaban al azar ejemplos ficticios de parejas tanto de diferente como del mismo sexo (de hombres y de mujeres). Sus miembros eran descritos de acuerdo a sus profesiones, salarios y aficiones. Hasta ahí lo que sabía el encuestado.

Lo que los encuestados ignoraban era que los investigadores habían catalogado estas variables de acuerdo a cómo son percibidas de acuerdo a los roles de género heteronormativos: “más femeninas” (afición a las comedias románticas o ir de compras) o “más masculinas” (afición a las películas de acción o ser aficionado al baloncesto, por seguir con el ejemplo). Ello daba lugar a que un miembro de la pareja fuese etiquetado como “más masculino” y otro como “más femenino”. Este dato, sin embargo, no era conocido por el encuestado.

A los encuestados se les preguntaba por qué papel creían ellos que era más razonable que cumplieran cada uno de los miembros de la pareja en diferentes actividades, rutinas o funciones propias de una familia, incluyendo el cuidado de la casa y de los hijos.

Pues bien, los resultados no dejan de resultar llamativos. O quizá no tanto… También en el caso de las parejas del mismo sexo, los encuestados siguieron de forma mayoritaria el patrón heteronormativo a la hora de distribuir las tareas. Aquellos miembros de la pareja que presentaban características tradicionalmente consideradas “femeninas” eran los que, en opinión de la mayoría de los encuestados, debían asumir las tareas propias del cuidado de la casa (como hacer la compra diaria, cocinar o fregar) y de los hijos (bañarlos, vestirlos o estar pendientes de sus problemas de salud). Por el contrario, a aquellos miembros a los que se presentaba con características tradicionalmente consideradas “masculinas” eran a los que la mayoría de los encuestados atribuían la responsabilidad de llevar el coche al taller o de cortar el césped (según la cultura tradicional estadounidense, una tarea típicamente masculina).

En definitiva, los encuestados replicaban los roles de género también en las parejas del mismo sexo, en función de qué miembro de la pareja fuera percibido como más o menos masculino o femenino. Especialmente sorprendente resultó para los investigadores que la variable “salario” tuviera menos influencia: una de las hipótesis de partida era que el porcentaje de encuestados que atribuyesen el cuidado de la casa o de los hijos al miembro de la pareja que tuviese el salario más bajo fuera más elevado. “Nos ha sorprendido hasta qué punto sucede esto. Pensábamos que las expectativas sobre el cuidado del hogar se repartirían de forma más igualitaria en las parejas del mismo sexo”, ha declarado Natasha Quadlin.

En cualquier caso, parece que el patrón heteronormativo sigue encorsetando más a las parejas de distinto sexo a los ojos del estadounidense medio. La atribución del cuidado de la casa y de los hijos a la mujer fue, en este caso, aún más elevada que al miembro “más femenino” de la pareja del mismo sexo. Solo un parámetro relacionado con el cuidado de los hijos fue atribuido mayormente al hombre: el de inculcar disciplina…

Fuente: DosManzanas

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