La agenda anti-LGTB del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se consolida. Tal y como ya habían adelantado medios de primera línea, como The Wall Street Journal o The New York Times, el presidente ha hecho llegar este viernes a los departamentos de Defensa e Interior la orden por escrito que reinstaura la prohibición a las personas transexuales de servir en las Fuerzas Armadas de su país. El anuncio de la medida, que Trump hizo en Twitter hace varias semanas, había sido recibido con sorpresa tanto por los colectivos LGTB como por buena parte de la clase política estadounidense, legisladores republicanos incluidos, así como por la propia cúpula militar. Pero el presidente no se ha echado atrás y ha seguido adelante con sus planes con el aplauso de la derecha religiosa, un sector que se consolida como uno de los apoyos más sólidos de Trump.
Recordemos que no fue hasta 2015 cuando el entonces secretario de Defensa, Ash Carter, anunciaba que por fin se ponía en marcha el proceso para acabar con la discriminación tránsfoba en el Ejército. “Tenemos soldados, marineros, aviadores y marines transexuales, verdaderos patriotas americanos, que sé que están sufriendo un gran daño debido a una política obsoleta, confusa e inconsistente, que es contraria a los valores del servicio y del mérito individual“, aseguraba entonces Carter. El secretario de Defensa de Obama anunció la creación de un grupo de trabajo encargado de revisar las regulaciones militares y de evaluar las implicaciones jurídicas, sanitarias y administrativas del cambio.
Un año después, en junio de 2016, se anunciaba el fin de la prohibición, si bien es cierto que el despliegue de la nueva normativa se fue retrasando hasta ya comenzada la era Trump y oficialmente nunca se ha llegado a implementar. En la práctica, sin embargo, la prohibición se daba por derogada y numerosos militares trans han comenzado a salir del armario y a dar a conocer su realidad a mandos, compañeros y subordinados sin temor a ser expulsados. Se desconoce con exactitud a cuántas personas afectaba el cambio, aunque algunas estimaciones han situado la cifra de personas trans en el Ejército en unas 15.000, teniendo en cuenta tanto a militares en activo como reservistas.
Es importante destacar que, a diferencia de la derogación del “Don’t ask, don’t tell”, que precisaba un cambio legislativo, el final de la prohibición de servir en el Ejército a las personas transexuales (teóricamente una causa de exclusión “médica”) fue una decisión administrativa, que Barack Obama pudo impulsar sin necesidad de someterla a votación por el Congreso. Por desgracia, ello supone que el ahora presidente Donald Trump tiene capacidad de revertirla, propósito que anunciaba en Twitter hace ahora un mes:
Fuente: DosManzanas.com






